martes, 25 de octubre de 2011

De telas

     Es extraño preguntarle a Julián porque siempre está de camisa, con la corbata tan ajustada que realmente pareciera que tiene que ir a algún lado. Tía Ana se pone a la defensiva, cree que de ser negro no usaría camisas tan claras, pero como sus padres eran polacos el color blanco le sienta mejor, así dialoga consigo misma por un largo rato, mientras yo me pongo a pensar porqué tío Julián siempre está en camisa. Por el ojillo de la cerradura siempre se ve un mundo diferente, Alicia lo sabe mejor que nadie, y yo lo descubrí una vez cuando de viaje por Madrid nos quedábamos en una vieja casona, que papá había logrado conseguir por quincena a muy bajo coste, allí en los últimos pisos se engendró el sector de los tíos, donde comenzó mi adolescencia al pispiar que mi tío julio a veces también usaba vestidos.
                                                                                                                                                    S.R.R.R

Breve descripción de alguien que fue, y siempre será


En una generación de trajes grises, y barbas enredadas en degrades de ficciones creadoras, su marca personal cambió el curso de lo creíble y audible.  Su trazo firme y potente colora la imaginación de una clase que perdió un estilo, por el “estilo”, mal llamado, de la vida aristocrática.
Un pleno rostro envestido de espesas hebras que demuestran como pocos el paso de la experiencia. Un amplio camino que se abre paso, despojado de propiedades, entre su sien y sus ojos; “Ojos” donde encontramos el néctar expresivo de sentimientos, que solo allí y en sus letras, con una inverosimilitud tan creíble que sorprende, nos da el alimento diario de la vida imaginaria.
En él se posa la figura típica de una generación del mil novecientos, o una parte de la misma referida a la clase mas acomodada del país.  De tez blanca y rasgos no muy marcado, con un tono que demuestra “la Europa” de la época, en su estilo al caminar, la pausa en su habla, y un acento poco rioplatense. Aun así hay una brecha marcada a fuego entre Oliverio y muchos de sus coetáneos, en él se ve la pasión de una generación, la fuerza en sus letras irrumpe a los estándares de un país educado y vivenciado en la sombra de la Infanta.
Desapegado de un tiempo y espacio su persona resalta de lo común de la época generando una escritura universal, y desplegando ingenios tan atemporales como el, con eterno aroma a novedad.  
Una cara dividida por una no muy pronunciada nariz, pero si enmarcado por la barba que delimita casi toda su faz, a excepción  de un prominente par de orejas, que pueden vislumbrarse sin ninguna dificultad. De formas poco angulosas su rostro parece dirigir un punto de fuga de abajo hacia arriba, dibujándose un rostro reconocido por todos, y que nadie debe olvidar, el del gran Oliverio Girondo.




“La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era - ¡sin discusión!-
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación”
O.G.
Sebastián R. Rodríguez R.