Borges decía: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. También llegó a decir que el fútbol es fundamentalmente agresivo, desagradable y comercial, “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable”. Pero la pregunta es: ¿habrá Borges asistido alguna vez a un partido de fútbol?
El día en que dios descansa los argentinos aprovechan para agitar las veredas de la ciudad. Una peregrinación de monstruosas dimensiones se dirige religiosamente, casi de manera hechizada, hacia una extraña catedral circular, erigida en honor a un dios inmaterial, que se practica y se siente pero no se describe. Cánticos funestos que parecen tener su raíz lingüística en el castellano, a modo de canto gregoriano con tonalidades propias y características sine qua non, guían a todo aquel que quiera ser participe del “El evento deportivo” de los argentinos. Una caravana de ómnibus, informalmente denominados bondis, asilan en su interior parvadas de personas, que en condiciones casi inhumanas, y con acotados espacios donde oxigenarse, viajan desde todos lados con el único objetivo de asistir al partido y alentar a su equipo. Aunque una vez dentro parecerían apegarse solo al ataque de aquel que momentáneamente, aunque no en todos los casos, asiste de “enemigo”.
Por fuera del estadio un mundo se genera semana tras semana, desde vendedores de diversos artilugios como banderas, gorros y camisetas, hasta “pirrilleros” ambulantes que despliegan interminables cantidades de “choripanes” en asadores cuyo secreto es el jamás haber sido lavados. Se puede sentir en la gente un clima de emoción y pasión, desde niños hasta personajes de avanzada edad se entremezclan en las calles. Es más que usual ver pasar a personas, salvo escasas excepciones hombres, que en su torso desnudo llevan grabados desde escudos representativos de los clubes, hasta actores de los mismos, que en algún momento realizaron hazañas que estos, parece, jamás olvidarán.
Al llegar a las puertas del palacio deportivo, o cancha, un sinnúmero de personas hacen cola impacientemente, mientras un grupo de uniformados realiza inspecciones detenidas de cado uno que ingresa. La locura es generalizada y el enojo aun más, y no solo por la burocratización del evento sino más aun por llegar tarde. En los palcos una serie de hileras de sillas se suceden innecesariamente, ya que una vez iniciado el evento son pocos aquellos que les dan uso, aunque a su término, algunos son implementados como proyectiles hacia diferentes blancos.
Cántico he insulto, a la vez
Antes de dar comienzo a la descripción no minuciosa del evento es necesario aclarar un punto clave, sobre todo para aquellos que sufren ante la utilización de improperios o la discriminación como “arma”. El canto de cancha es un género discursivo asociado a una esfera de gran importancia en nuestro país: el fútbol, cuyo peso social se puede apreciar en la importancia del rito de los partidos del domingo. Es notoria la alta complejidad de estos cantos de estadio que incorporan diversas músicas, construyen canciones de varias estrofas, y se corean masivamente. Predominan los insultos de índole sexual: la feminización o prostitución, ya sea parientes o adversarios directos, la atribución de un rol sexual pasivo, y la homosexualidad como insulto. Hay una amplia gama de insultos relacionados con la identidad social y el lugar o el rol dentro de la sociedad, tales como la atribución de un trabajo considerado denigrante, de una posición socioeconómica marginal, la nacionalidad, la raza, la pobreza, la suciedad, el olor, una relación asimétrica o de sometimiento. La acusación de complicidad con la policía, el enemigo común de todas las hinchadas, es otro elemento recurrente, imposible de esquivar. Pero he aquí la trampa del juego, que tal vez viéndolo desde afuera no se entienda, mas al entrar en una cancha de fútbol parecería como si uno traspasase una barrera de fuerza invisible, que lo atrae a proferir todo tipo de insultos e improperios que en las más furiosas situación no le pasaría a muchos seres por la mente.
Y se largó
Un inicio a toda orquesta se sucedió en ambos lados de la cancha, sin importar a que equipo se alentase. La gente salta y canta con todas las energías que su cuerpo le permite, allí comienzan a entonar todo tipos de himnos prefabricados, que como un rito oriental, parecerían dar fuerza a los batallantes. Varias hileras de banderas, denominadas “trapos”, pueden verse cubriendo inmensos sectores.
El juego está seccionado en dos tiempos de 45 minutos, con un ínterin de 15. Durante el primer tiempo todo parece festejo, y aliento a fe ciega hacia los jugadores, que ofician, según puede verse, de representantes a todo aquel dentro del estadio. La emoción y la pasión llevadas a extremos se materializa en cada rincón, y por más que alguno no lo desee una infección de emociones penetra por cada poro.
El juego en si no parece complicado, una cancha dividida por la mitas, un arco en cada extremos, 22 jugadores en total repartidos simétricamente para cada lado de la cancha, una pelota, y claro está varias reglas sin las cuales seria imposible llevarlo a cabo. Si un desconocido de aquel deporte se dirige un día a la cancha se dará cuenta que es más simple de lo que parece, y tal vez con suerte le toque un compañero que le tire alguna pista.
Promediado el primer tiempo el “milagro” tan esperado sucedió, el llamado gol, uno de los actores, un tal Viatri, arremetió con toda su destreza, he ingreso la pelota dentro del sector denominado “arco”. Un suceso de descomunales dimensiones pareció tomar a casi todo el mundo, de un lado un silencio mortuorio, y del otro un grito generalizado invadió cada rincón vació del espacio considerable.
Al fin llegaron luego de tanto jadeo aquellos gloriosos 15 minutos que todo humano se merece de descanso, algunos fueron al baño o a comprar suministros, y otros se mantuvieron inmóviles, tal vez ante el miedo de no regresar. Pero corto fue el tiempo, ya que la tranquilidad parece corta ante la furia.
En uno de los sectores superiores se podía divisar un grupo de personas, casi un club privado, que encapsulados en una atmósfera propia parecían disfrutar de ciertos privilegios. Según información posterior estas son las llamadas “barras bravas”, un conjunto liberal en cuanto a acciones que suele estar implicado en hechos de violencia y criminalidad. Increíble sería para cualquiera pensar que estas personas pudieran ingresar con tal currículo al estadio, pero al parecer son aquellos que nunca pueden faltar, como una marca registrada.
Los últimos 45 minutos se tornaron algo más violentos, con insultos ofensivos de todo tipo y especie. Pero el clima de pasión seguía intacto, solo algo más fervoroso. Y de nuevo aquel sucesos que todos esperan impacientemente de una u otra manera, ahora propiciado por “Gaitán”. De nuevo la inextinguible llama del festejo ocupó cada espacio vacío. Algo que subrayar es que no solo eran alientos masculinos de personas jóvenes, sino que a simple vista se notaba que este deporte no discrimina. Las mujeres y personas de avanzada edad se entremezclaban con la fauna natural del partido, transformándose en parte de esta.
El evento ya casi llegaba a su fin y por consejos de algunas personas, siempre y cuando no sea de interés el final del partido, es bueno retirarse un poco antes, para evitar retrasos algo molestos, y aun más algún episodio de violencia, que por más que la gran mayoría no desee, suele suceder.
Hechas esta advertencia disfruten, si les gusta el deporte, de un buen partido de fútbol que seguro les traerá muchas alegrías.
D.D.A.sr