viernes, 25 de marzo de 2011

El cesar ha muerto

Una serie de presagios habían vaticinado aquel fin, pero su orgullo y grandeza lo segaron por completo. La muerte de Cayo Julio Cesar relatada por uno de los más grandes biógrafos de todas las épocas: Caius Suetonio Tranquillus.

Un prolegómeno de sucesos habían presagiado la muerte de Callo Julio Cesar, desde los colonos a quienes la ley julia había otorgado terrenos en la campaña, que al destruir antiguaos sepulcros encontraron escritos que advertían la muerte de un descendiste de Lulo, hasta su esposa, quien vio muerto a Callo durante un sueño, la noche anterior al suceso, pasando también por el vaticinio de un sumo sacerdote, que advirtió se resguardase del Idus o 15 de marzo.
Los acontecimientos se relatan escrupulosamente en Los Doce Cesares, uno de los pocos escritos de Suetonio que sobrevivieron al paso del tiempo.
El quince de marzo julio cesar entró al senado descreído de aquellas voces que le habían advertido que aquel sería su fin, y siguiendo el consejo de Décimo Bruto, de no hacer esperar a los senadores que hacía ya tiempo lo estaban aguardando, tomó rumbo al que sería su último viaje en vida. Camino al senado fue interceptado por un desconocido, quien le entregó un documento que revelaba la confabulación, pero este lo adjuntó a unos papeles sin darle mayor importancia .Al entrar al salón se burlo de aquel sacerdote que durante un rito había visto su muerte. En cuanto se sentó fue rodeado de los conspiradores que habían planeado asesinarlo. Ante la distracción creada por uno de ellos, otro, que se encontraba de espaldas a él, aprovechó el momento para hendirle un puñal en la garganta. Siguieron a esta otras 22 puñaladas, propiciadas por distintos actores, mientras el cesar se desplomaba en el suelo, sin emitir gemido alguno mas que el del primer puñal, y cubriendo su rostro con la toga y sus piernas con el paño a fin de caer con dignidad. Luego de aquel brutal eventos todos huyeron dejándolo tendido en el suelo, hasta que un grupo de esclavos lo encontraron y llevaron a su casa, pero en aquel momento ya se encontraba muerto.
Es una crónica realista, que hasta la actualidad es utilizada como una de las fuentes históricas de mayor fidelidad. Tal vez por su equilibrio en cuanto a la objetividad propuesta en el texto, y por la riqueza descriptiva con la que cuenta, tanto sea en la sucesión de hechos, como en los testigos que la apoyan. Sea cual sea la razón a Los Doce Césares les queda mucho aún por contar.

La guerra fría en Cuba

En enero de 1959 se produjo el triunfo de la revolución cubana, tras 25 meses de guerrilla apoyado por el pueblo, principalmente por el campesinado, en contra de la dictadura de Fulgencio Batista. El gobierno cubano había sido manejado por una sucesión de personajes que empezaban enarbolando ideales liberatorios, pero que finalmente terminaban concediendo toda suerte de privilegios al gobierno estadounidense e imponiendo un régimen dictatorial. La figura principal del levantamiento popular fue Fidel Castro, seguido por grupos armados, denominados grupos de acción, que actuaban dirigidos bajo los ideales marxistas y comunistas, de esta manera, castro, se colocó como el primero en desafiar la hegemonía estadounidense en América Latina.

No se trató de un simple cambio de gobierno, sino de toda una revolución profunda en las estructuras político-económicas, pasando por reforma agraria, reforma urbana, que sin duda afectaron a los grandes magnates de la industria azucarera en Cuba, y la socialización de las compañías transnacionales norteamericanas, y toda empresa privada.

En noviembre de 1961 la CIA estableció un gigantesco programa llamado “Operación Mangosta“, dirigido por Edward Lansdale, con el fin de organizar actos de sabotaje, terrorismo, asesinatos de los líderes cubanos, ataques militares e infiltraciones que desestabilizaran al gobierno cubano y lo llevaran al colapso.

Todo esto, sumado a las políticas de aislamiento a Cuba por parte de estados unidos acrecentó el descontento en la isla y la lucha de clases, que llevó a una confrontación militar en abril de 1961. Los Estados Unidos dio provecho a las luchas internas entrenando grupos antirrevolucionarios. El objetivo era la invasión de Bahía de Cochinos, proyecto que fue apoyado por el presidente Kennedy, aunque con ciertas dudas. El fracaso fue rotundo: el plan había tenido la desventaja de involucrar políticamente a Estados Unidos, sin contar con el respaldo de la armada y la fuerza área. La victoria representó un gran aliente para los seguidores de Castro, y le permitió a este consolidar su poder internamente. Se calcula que fueron arrestadas alrededor de 100000 personas, entre ellas 2500 agentes de la CIA y 20000 simpatizantes de la contrarrevolución.

Luego del ataque a Bahía de los Cochinos el gobierno de Cuba declaró el carácter socialista de la revolución, que había nacido sin ese propósito.

“Aquí comienza la guerra fría con Estados Unidos”. El país del norte comienza una propaganda en contra de Cuba para expulsarla de la OEA (lográndolo en 1962). Las políticas de aislamiento, congelamiento de préstamos, y expulsión de la OEA. obligaron a la isla a realizar todos sus lazos políticos y económicos con los países de Europa del Este y la Unión Soviética. Así la URSS compraría el azúcar excedente de la producción cubana a precios inflados y le vendería petróleo, además le otorgaría a la isla la asistencia de técnicos para el manejo de maquinarias productivas.

La agencia central de inteligencia condujo operaciones de sabotaje económico contra cuba, con un doble objetivo: por un lado fomentar el descontento popular de la isla y la creación de un frente contrarrevolucionario, y por otro destruir el sustento económico cubano, los medios de producción como molinos azucareros, plantaciones de azúcar y tabaco, maquinaria de granja, minas, refinerías de aceite, depósitos y plantas químicas, también eran saboteados los medios de transporte como los ferrocarriles y demás. Al sabotaje se le suma la falta de ciertas materias primas, que no eran producidas en cuba, y de piezas (repuestos) para las maquinarias, que tampoco eran fabricadas en la isla

Hacia mediados de 1961 hubo muchos informes de que Cuba se estaba equipando con armamento Soviético. Esto era corroborado por un informe del comité Inter-American Peace que decía que Castro había recibido US$100.000.000 en armas de la Unión Soviética, convirtiéndola en el país más armado de Latinoamérica. En Junio el gobierno cubano hizo una demostración masiva de tanques Rusos, artillería y aviones de guerra en la ciudad de Cárdenas, aparentemente con un fin de intimidación. Llegaron así mismo tropas soviéticas de 5000 hombres y alrededor de 30 navíos Soviéticos a puertos Cubanos

La crisis llegó a su punto cumbre cuando, en octubre de 1962 aviones espías norteamericanos U2 detectaron la construcción de rampas de misiles y la presencia de tropas soviética en la isla. Tras esto Kennedy toma la medida de establece una “cuarentena defensiva”, es decir, un bloqueo de la isla desplegando unidades navales y aviones de combate en torno a Cuba. Este es el periodo de mayor tensión de la guerra fría, y el más cercano al enfrentamiento de la URSS y EEUU. El 24 de octubre, los barcos soviéticos que transportaban mísiles se aproximaron al cerco de los navíos estadounidenses y se detuvieron. Ante una posible escalada de agresiones, el mandatario soviético, Nikita Krushev, decidió por la retirada. Krushev lanzó una propuesta aceptada por Kennedy: la URSS retiraría sus misiles de Cuba a cambio del compromiso norteamericano de no invadir la isla y de la retirada de los misiles que EE.UU. tenía desplegados en Turquía.

San Telmo olvidado

En los últimos 20 años San Telmo se ha transformado en uno de los centros turísticos de mayor atracción en la Ciudad de Buenos Aires. La actividad hotelera y turística dio una limpieza de cara al barrio. La edificación y aún en mayor número el reciclado de antiguas casonas creció en gran magnitud. Pero no es casual que San Telmo se hubiera transformado en uno de lo lugares más representativos de la capital, tanto por ser el barrio más antiguo de la ciudad, o porque sus paredes suspiran historia.



Un poco de historia

Primitivamente se llamó Altos de San Pedro, delimitado por las actuales calles Chile, Piedras, Avda. Caseros, Defensa, Avda. Martín García, Avda. Paseo Colón, Avda. Brasil, Avda. Ingeniero Huergo. Estaba poblado por los trabajadores del puerto. Junto con el cercano Monserrat fue el barrio más negro de Buenos Aires, llamándose “Barrio Sur“, en oposición al “Barrio Norte” de San Nicolás.

Este tradicional barrio, en un rincón del sur de la ciudad, conserva su imagen antigua, con casas de época colonial y calles empedradas. Pueden entre otras cosas verse antiguas iglesias, museos, anticuarios y la feria dominical de antigüedades de la Plaza Dorrego. Desde la primera casa de la moneda, hasta la sede del archivo ejecutivo, el barrio encierra en menos de un kilómetro y medio cuadrado algunos de los lugares más llamativos de la ciudad. Una curiosidad es la Casa Mínima, la casa más angosta de la ciudad, que tiene un frente de 2,5 metros de ancho y 13 de profundidad. Se trata de una propiedad residual de una propiedad mayor, construida entre fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Encontraremos también lugares tales como la Iglesia Dinamarquesa, un templo luterano inaugurado en 1931, con una fachada de estilo neogótico, la casa de Castagnino, donde vivió el celebre pintor, que hoy alberga exhibiciones temporarias de arte. Así también la casa del poeta Esteban de Luca, un militar, periodista y escritor, aquí solía reunirse la intelectualidad porteña del siglo XVIII, incluyendo a varios protagonistas de la revolución de mayo; el museo penitenciario que emplazado en la antigua cárcel de mujeres, exhibe, desde 1980, elementos del sistema presidiario argentino; la iglesia de San Pedro Telmo, construida por los jesuitas en 1934; el Pasaje de la Defensa, un claro ejemplo de un conventillo de los años 30: el Museo de Arte Moderno, y una innumerable sería de atracciones que hacen a este un centro histórico y turístico imperdible e incomparable.

La historia del barrio ha pasado por innumerables procesos, fue cuna de algunos de lo sucesos más notables de la ciudad. Durante las Invasiones Inglesas fue ocupado por los invasores, y se establecieron dos hospitales de sangre. En esta oportunidad se produjeron algunos hechos como el que protagonizó doña Martina Céspedes, quién tomó prisioneros a once de los doce ingleses que entraron en su hogar, ya que uno de ellos terminó casándose con su hija. Durante la época de Rosas se instaló, en la calle Chacabuco, el Cuartel de la Mazorca. Uno de los hitos más importantes de la historia del barrio tuvo lugar durante la epidemia de fiebre amarilla en 1871, este hecho produjo un gran éxodo, en especial de las familias más adineradas, que se vieron obligadas a hacer abandono de sus grandes casonas, que actualmente siguen en pie. Estas casas abandonadas sirvieron de albergue a varias familias de inmigrantes, y se fueron transformando en lo que se conoce hoy en día como conventillos

Podría decirse que San Telmo es la cuna del tango. De la mezcla de la milonga, el tango Andaluz, la habanera y el candombe de los negros, que poco a poco fue surgiendo lo que hoy conocemos como Tango Argentino. El viejo Almacén, es ícono fiel de esta movida, donde años antes estuviera el primer Hospital Británico, fuera luego ocupado por el almacén y restaurante ruso llamado Volga, y en 1969 adquirido por el cantor de tangos, Edmundo Rivero.

El barrio y su feria


Es sin duda una de las mayores tradiciones de San Telmo la feria de la Plaza Dorrego. Temprano a la mañana, cada domingo desde hace 34 años una curiosa ceremonia se repite: baúles, cajas, hierros, tablas, canastos, se superponen en un repiqueteo, que asombra a los noctámbulos que alargan la noche con un café de última hora, y a los madrugadores que comienzan el día. A esa hora, la Feria Antigüedades de San Pedro Telmo comienza a tomar forma, se construye sobre el adoquinado de la plaza, y repite un ritual que se ha convertido en el corazón de un barrio que los domingos late de una manera especial. Es un serie de 270 puestos exclusivos que albergan todo tipo de objetos que hacer al quehacer cultural y la historia de la capital. La temática de la exposición se desarrolla en torno al comercio de las antigüedades, de toda clase y especie, pueden encontrarse libros, adornos, discos de pasta, instrumentos musicales, ropa y algunos de los elementos mas peculiares que puedan ser imaginados.

Dentro de la feria los puesteros se manejan con un reglamento muy estricto y un orden casi pulcro. Qué se vende, cómo se vende, quiénes pueden vender y todo aquello que se relacione con estos temas es escrupulosamente estudiado y analizado por lo integrantes de la feria. Los puestos son otorgados a ciertas personas, que cumplan con una serie de requisitos a rajatabla.

La Feria recibe cerca de 10 mil visitantes por domingo, entre los cuales, un alto porcentaje está compuesto por turistas de todo el mundo. Con el correr de los años, los puesteros han logrado desarrollar una verdadera clasificación de turistas, según el perfil de sus compras: así, en vez de fijarse quiénes compran, los feriantes pueden establecer de dónde es un turista, sólo con ver qué compra.


Hoy por hoy


San Telmo no es solo un barrio tradicional conservado en el recuerdo, a cada paso puede ser observada la modernización conjugada con la historia, bares y hoteles de gran categoría, de estilos actuales, dejan entreverse de los lugares que conforman la historia de San Telmo. Antigua y moderna son dos conceptos que se conjugan aquí como en ningún otro lugar de la argentina, todo puede ser contemplado y disfrutado en todos los rincones y a cada paso, una belleza increíble recorre las paredes y deja en aquellos que la ven una sensación de gran agrado.

La inigualable movilización turística que se ha generado en el barrio hacia los últimos 20 años, desarrolla una polémica entre quienes siempre han vivido allí y no desean este cambio para el barrio y aquellos que apoyan fielmente la “modernización”· que se esta llevando a cabo. Un crisol de razas y estilos de vida convergen en un mismo lugar a diario, mezclándose unos con otros y formando una de las huellas más pintorescas, que tan bien representan a la argentina.

Más allá de las opiniones y gustos personales es imposible negar la transformación que día a día modifica a este centro porteño, pero aun las cartas no están repartidas, y es difícil adelantarse al futuro de un lugar que tantas transformaciones ha tenido, a los largo de la historia, solo queda sentarse a ver que nueva movida traerá el barrio a la vida social y cultural de un país que esta en pos de crecimiento.

                                                                                                                         D.D.A. sr

Egoismo

Los recuerdos eran solo un doloroso puñal que se introducía de lleno en su alma, pero eran aquellos los únicos acompañantes del día y la noche, en cada estación, a cada momento. Una interminable aflicción lo perseguía, como una hostil sombra que no desea quebrantar su presencia ante la noche. Los sueños ya no eran sueños, no recordaba si alguna vez había soñado, a cada momento la misma cara estremecía su meditación, se introducía en lo más recóndito de su mente para atormentarlo. La angustia, su fiel compañera, había trasformado a aquel ser en un vagante, como si su alma hubiese sido condenada a la temible tortura del pasado.
Emile, todo le recordaba a Emile, aquel lugar era la viva imagen de su amada y fiel compañera, que egoístamente lo había abandonado e huido a un fascinante mundo de sueños. Como la despreciaba, pero como la amaba. En su interior una batalla descomunal se libraba, y exteriormente la ruina de aquella contienda dejaba entrever a la única victima.

Cientos de veces pensó en abandonar Villa Capra, pero como podía hacerle eso a ella, abandonar aquel que fuera hace muchos años donde el amor floreció. No podría vivir un día sin recorrer aquellos pasillos que lo llevaban hasta el salón central, y aquellos balcones, donde Emile pasaba sus tardes leyendo. Deseaba fervientemente olvidarla, pero imposible le seria dejar atrás tanto amor y pasión. Aquella lujuria que alguna vez sintió por ella, se acrecentaba a cada minuto de su ausencia, y trasformaba aquel palacio en la prisión de su espíritu

Durante las noches oía su dulce voz resonando en el Piano Novile, la sentía recitando poemas y odas al eterno amor. Pero era solo su imaginación, que deseosa de volver a amar incondicionalmente, jugaba de las más crueles maneras con aquella afligida mente.

Las eternas noches y los infinitos días se sucedía sin que el notara diferencia alguna. Vagaba inertemente por cada rincón de las casa buscando una explicación a su tristeza, una solución a su desdicha, una cura a su muerte interna. Pero ningún bálsamo, pócima, o artilugio mejoraría su condición, ya que no hay cura para el amor, ni resurrección para la muerte del alma. Pero si hay una cura para la vida, pensó en uno de los pocos momentos de lucidez. No hay ley natural que deba obligar al hombre a padecer la vida. Si este era un sufrimiento, debía acabar con el de inmediato. Aquel pensamiento recorría su mente a diario, meditó las miles de maneras de terminar con su padecimiento sin que la culpa lo carcomiese. El hombre no es quien para destrozar algo que por derecho le fue concedido, y si no es por derecho natural, que hay del derecho divino, toda su vida se había aferrado a la religión como respuesta a sus martirios. Pero aquella vez no había respuesta a tales incógnitas. De algo estaba seguro, el infierno estaría deseoso de recibirlo si con su vida acababa por motu propia.

Lo había decidido, terminaría con su vida, y aunque el averno fuera su destino, ahí se uniría con Emile, el solo pensar en la paz de su compañía, en volver a recrear esas dulces caricias lo llenaban de regocijo, aunque el infierno fuese su hospedaje, el estar juntos seria suficiente recompensa a los martirios que le esperarían. Con un ultimo hálito se desplazo por todos y cada unos de los rincones del palacio, vio por ultima vez los frescos religiosos que decoraban las galerías, los aposentos y pasillos. Ingreso al salón central, se desplomo en la silla de tejer de Emile, y tomo la copa de arsénico que había preparado horas antes, potente veneno que hacía décadas había comprado para dar fin a la vida de su noble corcel. Colocó el borde de la copa en sus labios, y de un sorbo ingirió hasta la última gota de su elixir de vida eterna.

Los minutos se sucedieron dejando llegar a las horas, pero no notaba ningún cambio. El veneno debía haber hecho efecto hacia demasiado. Comenzó a pensar que aquel liquido no era mas que una farsa, un engaño que aquel vendedor ambulante le haba propiciado, pero no, recordaba haberlo usado en su potrillo, y hasta en menor cantidad.

Del vació un llanto se hizo sentir, su cuerpo se estremeció como nunca antes, corrió desesperadamente por los pasillos, hasta llegar a una de las cuatro fachadas simétricas de la casa, y allí sentada en las inmensas escaleras de entrada vio a su amada, llorando desconsoladamente, con desesperación se abalanzo sobre ella para tomarla, pero su cuerpo traspaso la figura de Emile, como si ella no estuviese allí, o como si el no estuviese allí, en ese momento recordó que no era precisamente Emile la que había terminado egoístamente con su existencia. 

                                                                                                                                 D.D.A.sr

Las puertas

   Se levantó de la cama luego de horas de insomnio, algo distraía su mente pero desconocía que. Era una de aquellas intensas noches en que el aire fluye siguiendo el ritmo de las hojas, en que una leve sombra, apenas imperceptible, dibuja líneas multiformes de norte a sur, de este a oeste. Solo un pequeño haz de luz lunar ingresaba por la ventana del inmenso cuarto. Presurosa salio de su habitación y recorrió los lúgubres pasillos de la enorme casona, ingresaba a todas y cada una de las habitaciones buscando algo desconocido. Los antiguos muebles de caoba rechinaban sin cesar, pareciendo tener vida propia, seguidos cordialmente por el reloj de pie que imponía las dos de la mañana, pero ella seguía sin poder conciliar el sueño. Por momentos maldecía a la soledad -astuta y despiadada anciana ¿que quieres volverme loca?- susurraba sin cesar. Un momento de temporal calma la sucedió, pero corto era ese tiempo, siempre resurgía aquella sensación, como si la estuvieran observando a cada instante, en cada rincón del universo conocido. Las luces eran tenues, de un color amarillento pálido, que hacían juego con la humedad de las paredes y las cortinas desgarradas por el tiempo. Repentinamente un silencio gutural invadió la casa, ya los muebles no hablaban, el reloj parecía haber detenido su marcha, y el viento desapareció, mutando de brisa a inexistencia.
   Se levantó nuevamente de la cama, y caminó despaciosamente, solo para no levantar sospechas, subió aquellas escaleras que casi no recordaba que existían, pero siempre deben de haber estado allí. Se encontró en el último peldaño, solo un paso más y se adentraría en el profundo espacio del infinito posible. De lado a lado una hilera de interminables puertas parecía acompañarla a cada paso de su recorrido. Caminó recto, infranqueable. Inexplicablemente y sin buscar demasiadas respuestas llegó nuevamente a las puertas de sus aposentos, pero esta vez se encontraban cerradas, tomó el picaporte y dio casi una vuelta entera. Una ráfaga de luz segó su vista, intentó recuperarse y al observar a su rededor ya nada era como antes, o mejor dicho si lo era. Con temor dio los primeros pasos, parecía como si hubiera sido ayer, aquel cuarto había rejuvenecido 50 años. Pero no podía ser cierto, la ancianidad, hostil sucesora de la ferviente juventud, seguro le jugaba una mala pasada pensó. Su corazón bombeaba como nunca antes, parecía querer escaparse de su pecho. La habitación comenzó a empequeñecerse y su garganta se estrechó. Se recostó en la cama con los ojos cerrados, intentando pensar en cualquier otra cosa, la imagen de su amado y difunto esposo brotó vívida de entre sus pensamientos, como extrañaba a su amado, tantos buenos momentos había pasado con el. Un leve calor recorrió su cuerpo, pero una voz traída por el eco cortó su inspiración, parecía que alguien la llamaba, un sonido familiar llegaba a sus oídos de vez en vez pero sin decir nada, como un aullido en la noche de luna llena. Repentinamente y sin previo aviso sus parpados parecían ser atraídos por la gravedad, su cabeza comenzó a caer lentamente sobre la almohada de plumas hasta entrar en un profundo sueño.
   Se levantó con aquel sentimiento de juventud que solo los ancianos saben que existe, eran las 8 de la mañana y el sol comenzaba a entrar suavemente por el gran ventanal del cuarto. Sintió tal agrado que parecía estar levitando, hacía años que una sensación semejante no recorría su cuerpo. Caminó aun somnolienta hacia el espejo en forma de media luna que se encontraba en una esquina, por un momento se mantuvo inmóvil frente a su reflejo, creyó reconocer a aquella criatura pero no recordaba quien era, no comprendía aquella imagen, era como si mientras estaba durmiendo un universo paralelo pero mas atrasado en el tiempo la hubiera absorbido, se sentía en un lejano pretérito de su vida. Su tersa y sedosa piel había regresado, su cenizo cabellera era nuevamente rubio y radiante, y aquellos pardos ojos, que mantenían en velo a muchos jóvenes, habían resucitado. Presurosamente ante el miedo de despertar vistió aquellos vestidos que hacía años su cuerpo ya no le dejaba usar, estaba frenética, como nunca antes. En medio de aquel festín la puerta del cuarto se abrió, un hombre alto, de esbeltos rasgos, rubia cabellera, y ojos claros como el agua entró con total naturalidad, una extraña alegría recorrió su cuerpo que fue mutando a la más pura melancolía. Comenzó a romper en llanto como nunca antes, era el, aquel que tanto extrañaba, -Ían- gritó desesperadamente mientras corría a sus brazos. Carente de entendimiento ante aquel suceso la abrazó intentando detener aquel mar de lágrimas – ¿Que paso? ¿Que tienes?- inquirió desesperado, pero siquiera ella comprendía lo que estaba sucediendo, no sabia que o como explicárselo, Ian la miró con la mas dulce mirada del mundo y dijo con una sonrisa amable – tranquilízate, no pasa nada, siempre estaré aquí para cuidarte, solo descansa un poco mas si te es necesario, el desayuno estará servido para cuando tu lo desees- y se retiró del dormitorio. Se detuvo intentando recordar, pero sus pensamientos estaban casi en blanco, solo veía imágenes de su vida pasando o tal vez futura, pasando velozmente por su mente de manera borrosa. Pensó que tal vez solo había sido una mala noche, una de esas que por suerte solo se tiene una vez en la vida. Se cambió presurosa para ir a desayunar y salió de su cuarto, subió por las escaleras con extrañeza, caminó por el largo corredor, pero nuevamente se encontró con la inmensa puerta de su cuarto, un frío aire recorrió su espalda, y al observar a su alrededor lo único reconocibles era aquella puerta, solo la oscuridad la rodeaba, por temor ingresó nuevamente al cuarto. Una densa neblina lo inundaba todo, intentó sin éxito encontrar la puerta para salir nuevamente, el miedo se convirtió en su sentimiento y se recostó en lo único visible del cuarto: su cama, cerró los ojos por un momento y al parpadear todo estaba tranquilo, la luna alumbraba apenas las paredes, su cuerpo sin fuerza la seguía acompañando, y el olor a humedad y olvido presente e inolvidable. Estaba inmóvil, y aunque pudiera ya no deseaba hacerlo, se encontraba en un lugar conocido por lo desconocido que le era, sin espejos ni reflejos, una paz que rara vez los seres llegan a conocer la inundó, sintió el dulce olor de la muerte que llega en su justo momento para completar la existencia del ser, cerró sus ojos y suspiró por ultima vez.

                                                                                                                                     D.D.A.sr

jueves, 17 de marzo de 2011

Amor amor………

   En el horizonte se juntan aquellas impenetrables miradas, pero no se cruzan, porque una frontera de temores las pierden en si mismas. Es así, una faceta de la vida, la más lastimosa de todas, una funesta etapa que elogian grandes poetas, y que parece ser el objetivo de cada ser humano. Esa bizarra expresión del alma, que no hace mas que destruir lo bueno del mundo, el amor, clave maldita para la felicidad, pero no cualquier amor, ese supuesto amor puro es al que me refiero, ese amor por el que todo se entrega y por el cual solo se espera amor a cambio, un amor tan incondicional como el que fue cedido, ¿pero es en realidad solo un tumor? que debe ser extirpado de las mentes púberes, para que no socave su raíz en las pequeñas y frágiles vidas que luego madurarán solo para sufrir, y para buscar ese dichoso y malévolo sentimiento, que nos hace perdernos en este ya cruel mundo.
    Al parecer solo queda sufrir por amor, y aun ese amor que es prohibido por la moral, ese amor de sexos encontrados y simétricos, que a la espera de dejarse llevar destrozan cada esencia de lo que alguna vez fueron sus victimas.
    Aun es despojarse de el un castigo, porque las criticas mas severas son a quienes del amor renegasen, inteligentes seres, que como siempre son ridiculizados, y despreciados, pero son solo mensajeros de la razón más pura, que con cuantitativa experiencia les dice que liberen sus pensamientos y esperanzas de aquel que la enajenara a ella la suprema, de sus mentes.
Y aun más hipócrita es al confirmar que sacia su sed destruyendo a la razón, vieja estulticia que desprecia por completo la existencia del ser y de toda su sustancia.
    He aquí la historia mas vieja y mas contada, aquella en que el amor se niega, porque así es el maldito, tan importante se cree que hasta primero nos deleita con su presencia y luego cruelmente va desapareciendo, dejando un vacío que solo él puede llenar nuevamente. Ellos sabían que así era, tal vez sin experiencia, o con sobrante de ella, decidieron dar riendas sueltas a aquella pasión. Abrir las puertas a la eterna lujuria que sus almas sentían, y experimentar con sus cuerpos y sus mentes cada rincón de una enfermedad más corrosiva que el ácido. Se negaban al amor, de diferentes maneras, pero no pudieron negarse luego de que se presentase cual espina rosada ante sus propios ojos. Realizaron viajes astronómicos a lugares poco visitados por el hombre, conectaban cada parte de su existencia, y dejaban llevarse por lo que el mundo abierto de brazos para los amantes les propusiese. Trenzaban existencia con existencia y deseo con placer, conformaban conjuros perfectos de pasión, amor, y lujuria. Pero eso no duraría por siempre, porque aquel que al pecado del amor sede sabe que debe pagar por la felicidad que le es brindada. Como los grandes románticos han desplegado en poemas, rimas, y leyendas, el amor puro no se da en personas que puedan disfrutar de su existencia, tal vez porque es demasiado bueno o tal vez porque así es el.
    Las noches y los días se sucedían de par en par, esperando expectantes a que estos se uniesen nuevamente. Nada más importaba para los amantes, del amor comían, del amor respiraban, del amor existían, o al menos eso creían, hasta que la dulce nostalgia, la vengativa ansia, y la enfermiza confusión inundo sus mentes con despreciables ideas, que más que eso eran realidades, armas del amor para destruir aquella pureza que el mismo creó.
    Inundados de temores y sin mucho preámbulo fueron abandonando lentamente las caricias, eliminando las palabras y desasnándose de cada partícula que los uniese.
    Reencarnaron de lo más profundo de las tinieblas el temor y la inseguridad. Danzaron juntos los más profanos cánticos, alzaron plegarias a la diosa de la destrucción e incitaron la separación de todo aquello que fue creado para nunca ser espaciado.
    Lastima es que la historia no tiene final, ya que los personajes no tienen presente, solo se conoce el pasado, de aquellos que al amor cedieron, a lo prohibido retaron, y desesperadamente se amaron, sin escuchar las voces sabias y no tanto de la razón. 


                                                                                                                                    D.D.A.sr
       

Del campo para afuera

Borges decía: “El fútbol es popular porque la estupidez es popular”. También llegó a decir que el fútbol es fundamentalmente agresivo, desagradable y comercial, “La idea que haya uno que gane y que el otro pierda me parece esencialmente desagradable”. Pero la pregunta es: ¿habrá Borges asistido alguna vez a un partido de fútbol?



    El día en que dios descansa los argentinos aprovechan para agitar las veredas de la ciudad. Una peregrinación de monstruosas dimensiones se dirige religiosamente, casi de manera hechizada, hacia una extraña catedral circular, erigida en honor a un dios inmaterial, que se practica y se siente pero no se describe. Cánticos funestos que parecen tener su raíz lingüística en el castellano, a modo de canto gregoriano con tonalidades propias y características sine qua non, guían a todo aquel que quiera ser participe del “El evento deportivo” de los argentinos. Una caravana de ómnibus, informalmente denominados bondis, asilan en su interior parvadas de personas, que en condiciones casi inhumanas, y con acotados espacios donde oxigenarse, viajan desde todos lados con el único objetivo de asistir al partido y alentar a su equipo. Aunque una vez dentro parecerían apegarse solo al ataque de aquel que momentáneamente, aunque no en todos los casos, asiste de “enemigo”.
    Por fuera del estadio un mundo se genera semana tras semana, desde vendedores de diversos artilugios como banderas, gorros y camisetas, hasta “pirrilleros” ambulantes que despliegan interminables cantidades de “choripanes” en asadores cuyo secreto es el jamás haber sido lavados. Se puede sentir en la gente un clima de emoción y pasión, desde niños hasta personajes de avanzada edad se entremezclan en las calles. Es más que usual ver pasar a personas, salvo escasas excepciones hombres, que en su torso desnudo llevan grabados desde escudos representativos de los clubes, hasta actores de los mismos, que en algún momento realizaron hazañas que estos, parece, jamás olvidarán.
    Al llegar a las puertas del palacio deportivo, o cancha, un sinnúmero de personas hacen cola impacientemente, mientras un grupo de uniformados realiza inspecciones detenidas de cado uno que ingresa. La locura es generalizada y el enojo aun más, y no solo por la burocratización del evento sino más aun por llegar tarde. En los palcos una serie de hileras de sillas se suceden innecesariamente, ya que una vez iniciado el evento son pocos aquellos que les dan uso, aunque a su término, algunos son implementados como proyectiles hacia diferentes blancos.

Cántico he insulto, a la vez
    Antes de dar comienzo a la descripción no minuciosa del evento es necesario aclarar un punto clave, sobre todo para aquellos que sufren ante la utilización de improperios o la discriminación como “arma”. El canto de cancha es un género discursivo asociado a una esfera de gran importancia en nuestro país: el fútbol, cuyo peso social se puede apreciar en la importancia del rito de los partidos del domingo. Es notoria la alta complejidad de estos cantos de estadio que incorporan diversas músicas, construyen canciones de varias estrofas, y se corean masivamente. Predominan los insultos de índole sexual: la feminización o prostitución, ya sea parientes o adversarios directos, la atribución de un rol sexual pasivo, y la homosexualidad como insulto. Hay una amplia gama de insultos relacionados con la identidad social y el lugar o el rol dentro de la sociedad, tales como la atribución de un trabajo considerado denigrante, de una posición socioeconómica marginal, la nacionalidad, la raza, la pobreza, la suciedad, el olor, una relación asimétrica o de sometimiento. La acusación de complicidad con la policía, el enemigo común de todas las hinchadas, es otro elemento recurrente, imposible de esquivar. Pero he aquí la trampa del juego, que tal vez viéndolo desde afuera no se entienda, mas al entrar en una cancha de fútbol parecería como si uno traspasase una barrera de fuerza invisible, que lo atrae a proferir todo tipo de insultos e improperios que en las más furiosas situación no le pasaría a muchos seres por la mente. 

Y se largó
    Un inicio a toda orquesta se sucedió en ambos lados de la cancha, sin importar a que equipo se alentase. La gente salta y canta con todas las energías que su cuerpo le permite, allí comienzan a entonar todo tipos de himnos prefabricados, que como un rito oriental, parecerían dar fuerza a los batallantes. Varias hileras de banderas, denominadas “trapos”, pueden verse cubriendo inmensos sectores.
    El juego está seccionado en dos tiempos de 45 minutos, con un ínterin de 15. Durante el primer tiempo todo parece festejo, y aliento a fe ciega hacia los jugadores, que ofician, según puede verse, de representantes a todo aquel dentro del estadio. La emoción y la pasión llevadas a extremos se materializa en cada rincón, y por más que alguno no lo desee una infección de emociones penetra por cada poro.
El juego en si no parece complicado, una cancha dividida por la mitas, un arco en cada extremos, 22 jugadores en total repartidos simétricamente para cada lado de la cancha, una pelota, y claro está varias reglas sin las cuales seria imposible llevarlo a cabo. Si un desconocido de aquel deporte se dirige un día a la cancha se dará cuenta que es más simple de lo que parece, y tal vez con suerte le toque un compañero que le tire alguna pista.
    Promediado el primer tiempo el “milagro” tan esperado sucedió, el llamado gol, uno de los actores, un tal Viatri, arremetió con toda su destreza, he ingreso la pelota dentro del sector denominado “arco”. Un suceso de descomunales dimensiones pareció tomar a casi todo el mundo, de un lado un silencio mortuorio, y del otro un grito generalizado invadió cada rincón vació del espacio considerable.
    Al fin llegaron luego de tanto jadeo aquellos gloriosos 15 minutos que todo humano se merece de descanso, algunos fueron al baño o a comprar suministros, y otros se mantuvieron inmóviles, tal vez ante el miedo de no regresar. Pero corto fue el tiempo, ya que la tranquilidad parece corta ante la furia.
    En uno de los sectores superiores se podía divisar un grupo de personas, casi un club privado, que encapsulados en una atmósfera propia parecían disfrutar de ciertos privilegios. Según información posterior estas son las llamadas “barras bravas”, un conjunto liberal en cuanto a acciones que suele estar implicado en hechos de violencia y criminalidad. Increíble sería para cualquiera pensar que estas personas pudieran ingresar con tal currículo al estadio, pero al parecer son aquellos que nunca pueden faltar, como una marca registrada.
    Los últimos 45 minutos se tornaron algo más violentos, con insultos ofensivos de todo tipo y especie. Pero el clima de pasión seguía intacto, solo algo más fervoroso. Y de nuevo aquel sucesos que todos esperan impacientemente de una u otra manera, ahora propiciado por “Gaitán”. De nuevo la inextinguible llama del festejo ocupó cada espacio vacío. Algo que subrayar es que no solo eran alientos masculinos de personas jóvenes, sino que a simple vista se notaba que este deporte no discrimina. Las mujeres y personas de avanzada edad se entremezclaban con la fauna natural del partido, transformándose en parte de esta.
El evento ya casi llegaba a su fin y por consejos de algunas personas, siempre y cuando no sea de interés el final del partido, es bueno retirarse un poco antes, para evitar retrasos algo molestos, y aun más algún episodio de violencia, que por más que la gran mayoría no desee, suele suceder.
Hechas esta advertencia disfruten, si les gusta el deporte, de un buen partido de fútbol que seguro les traerá muchas alegrías.

                                                                                                                                           D.D.A.sr