En una generación de trajes grises, y barbas enredadas en degrades de ficciones creadoras, su marca personal cambió el curso de lo creíble y audible. Su trazo firme y potente colora la imaginación de una clase que perdió un estilo, por el “estilo”, mal llamado, de la vida aristocrática.
Un pleno rostro envestido de espesas hebras que demuestran como pocos el paso de la experiencia. Un amplio camino que se abre paso, despojado de propiedades, entre su sien y sus ojos; “Ojos” donde encontramos el néctar expresivo de sentimientos, que solo allí y en sus letras, con una inverosimilitud tan creíble que sorprende, nos da el alimento diario de la vida imaginaria.
En él se posa la figura típica de una generación del mil novecientos, o una parte de la misma referida a la clase mas acomodada del país. De tez blanca y rasgos no muy marcado, con un tono que demuestra “la Europa” de la época, en su estilo al caminar, la pausa en su habla, y un acento poco rioplatense. Aun así hay una brecha marcada a fuego entre Oliverio y muchos de sus coetáneos, en él se ve la pasión de una generación, la fuerza en sus letras irrumpe a los estándares de un país educado y vivenciado en la sombra de la Infanta.
Desapegado de un tiempo y espacio su persona resalta de lo común de la época generando una escritura universal, y desplegando ingenios tan atemporales como el, con eterno aroma a novedad.
Una cara dividida por una no muy pronunciada nariz, pero si enmarcado por la barba que delimita casi toda su faz, a excepción de un prominente par de orejas, que pueden vislumbrarse sin ninguna dificultad. De formas poco angulosas su rostro parece dirigir un punto de fuga de abajo hacia arriba, dibujándose un rostro reconocido por todos, y que nadie debe olvidar, el del gran Oliverio Girondo.
“La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era - ¡sin discusión!-
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación”
cación en la dirección de nuestra educación, cuya
idealización de la acción, era - ¡sin discusión!-
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación”
O.G.
Sebastián R. Rodríguez R.
No hay comentarios:
Publicar un comentario