viernes, 27 de mayo de 2011

Aquel por vez primera



Las pupilas dilatadas serían prueba suficiente o entidad oscura del rito de iniciación a la suavidad de una dura vida.
La noche y el día se muestras intermitentes en aquel papel delgado debajo de mi lengua, con dulce gusto mental. Un resonante y lejano estallido neuronal con sabor a néctar experimental me lleva a la alucinación  de un mundo de luces, apagadas, que en mi desquicio muestran un camino inexistente. El placer del interminable olvido, y la hermosa sensación del ser sin accidentes y el alma sin precisiones.
Raro el destino de quien busca la satisfacción en el químico ajeno. Bienaventurado quien comprueba el varet que la mente en estado óptimo y normal puede crear.
Sin restricciones el hombre comprende en segundas ocasiones que la mente puede crear mejores estados que la misma ambrosia de dioses
Al otro día una presión anómala tomaba mi pecho, mi estomago se transformó en una masa dura, sin sentido. Como si fuera el cuerpo de otro que usaba por primera vez intenté dar los primero pasos, entre mareos y leves alucinaciones. Era mi cuarto pero las distancias eran otras, como si fuera un lugar parecido pero más lejano.

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