viernes, 25 de marzo de 2011

El cesar ha muerto

Una serie de presagios habían vaticinado aquel fin, pero su orgullo y grandeza lo segaron por completo. La muerte de Cayo Julio Cesar relatada por uno de los más grandes biógrafos de todas las épocas: Caius Suetonio Tranquillus.

Un prolegómeno de sucesos habían presagiado la muerte de Callo Julio Cesar, desde los colonos a quienes la ley julia había otorgado terrenos en la campaña, que al destruir antiguaos sepulcros encontraron escritos que advertían la muerte de un descendiste de Lulo, hasta su esposa, quien vio muerto a Callo durante un sueño, la noche anterior al suceso, pasando también por el vaticinio de un sumo sacerdote, que advirtió se resguardase del Idus o 15 de marzo.
Los acontecimientos se relatan escrupulosamente en Los Doce Cesares, uno de los pocos escritos de Suetonio que sobrevivieron al paso del tiempo.
El quince de marzo julio cesar entró al senado descreído de aquellas voces que le habían advertido que aquel sería su fin, y siguiendo el consejo de Décimo Bruto, de no hacer esperar a los senadores que hacía ya tiempo lo estaban aguardando, tomó rumbo al que sería su último viaje en vida. Camino al senado fue interceptado por un desconocido, quien le entregó un documento que revelaba la confabulación, pero este lo adjuntó a unos papeles sin darle mayor importancia .Al entrar al salón se burlo de aquel sacerdote que durante un rito había visto su muerte. En cuanto se sentó fue rodeado de los conspiradores que habían planeado asesinarlo. Ante la distracción creada por uno de ellos, otro, que se encontraba de espaldas a él, aprovechó el momento para hendirle un puñal en la garganta. Siguieron a esta otras 22 puñaladas, propiciadas por distintos actores, mientras el cesar se desplomaba en el suelo, sin emitir gemido alguno mas que el del primer puñal, y cubriendo su rostro con la toga y sus piernas con el paño a fin de caer con dignidad. Luego de aquel brutal eventos todos huyeron dejándolo tendido en el suelo, hasta que un grupo de esclavos lo encontraron y llevaron a su casa, pero en aquel momento ya se encontraba muerto.
Es una crónica realista, que hasta la actualidad es utilizada como una de las fuentes históricas de mayor fidelidad. Tal vez por su equilibrio en cuanto a la objetividad propuesta en el texto, y por la riqueza descriptiva con la que cuenta, tanto sea en la sucesión de hechos, como en los testigos que la apoyan. Sea cual sea la razón a Los Doce Césares les queda mucho aún por contar.

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