En el horizonte se juntan aquellas impenetrables miradas, pero no se cruzan, porque una frontera de temores las pierden en si mismas. Es así, una faceta de la vida, la más lastimosa de todas, una funesta etapa que elogian grandes poetas, y que parece ser el objetivo de cada ser humano. Esa bizarra expresión del alma, que no hace mas que destruir lo bueno del mundo, el amor, clave maldita para la felicidad, pero no cualquier amor, ese supuesto amor puro es al que me refiero, ese amor por el que todo se entrega y por el cual solo se espera amor a cambio, un amor tan incondicional como el que fue cedido, ¿pero es en realidad solo un tumor? que debe ser extirpado de las mentes púberes, para que no socave su raíz en las pequeñas y frágiles vidas que luego madurarán solo para sufrir, y para buscar ese dichoso y malévolo sentimiento, que nos hace perdernos en este ya cruel mundo.
Al parecer solo queda sufrir por amor, y aun ese amor que es prohibido por la moral, ese amor de sexos encontrados y simétricos, que a la espera de dejarse llevar destrozan cada esencia de lo que alguna vez fueron sus victimas.
Aun es despojarse de el un castigo, porque las criticas mas severas son a quienes del amor renegasen, inteligentes seres, que como siempre son ridiculizados, y despreciados, pero son solo mensajeros de la razón más pura, que con cuantitativa experiencia les dice que liberen sus pensamientos y esperanzas de aquel que la enajenara a ella la suprema, de sus mentes.
Y aun más hipócrita es al confirmar que sacia su sed destruyendo a la razón, vieja estulticia que desprecia por completo la existencia del ser y de toda su sustancia.
He aquí la historia mas vieja y mas contada, aquella en que el amor se niega, porque así es el maldito, tan importante se cree que hasta primero nos deleita con su presencia y luego cruelmente va desapareciendo, dejando un vacío que solo él puede llenar nuevamente. Ellos sabían que así era, tal vez sin experiencia, o con sobrante de ella, decidieron dar riendas sueltas a aquella pasión. Abrir las puertas a la eterna lujuria que sus almas sentían, y experimentar con sus cuerpos y sus mentes cada rincón de una enfermedad más corrosiva que el ácido. Se negaban al amor, de diferentes maneras, pero no pudieron negarse luego de que se presentase cual espina rosada ante sus propios ojos. Realizaron viajes astronómicos a lugares poco visitados por el hombre, conectaban cada parte de su existencia, y dejaban llevarse por lo que el mundo abierto de brazos para los amantes les propusiese. Trenzaban existencia con existencia y deseo con placer, conformaban conjuros perfectos de pasión, amor, y lujuria. Pero eso no duraría por siempre, porque aquel que al pecado del amor sede sabe que debe pagar por la felicidad que le es brindada. Como los grandes románticos han desplegado en poemas, rimas, y leyendas, el amor puro no se da en personas que puedan disfrutar de su existencia, tal vez porque es demasiado bueno o tal vez porque así es el.
Las noches y los días se sucedían de par en par, esperando expectantes a que estos se uniesen nuevamente. Nada más importaba para los amantes, del amor comían, del amor respiraban, del amor existían, o al menos eso creían, hasta que la dulce nostalgia, la vengativa ansia, y la enfermiza confusión inundo sus mentes con despreciables ideas, que más que eso eran realidades, armas del amor para destruir aquella pureza que el mismo creó.
Inundados de temores y sin mucho preámbulo fueron abandonando lentamente las caricias, eliminando las palabras y desasnándose de cada partícula que los uniese.
Reencarnaron de lo más profundo de las tinieblas el temor y la inseguridad. Danzaron juntos los más profanos cánticos, alzaron plegarias a la diosa de la destrucción e incitaron la separación de todo aquello que fue creado para nunca ser espaciado.
Lastima es que la historia no tiene final, ya que los personajes no tienen presente, solo se conoce el pasado, de aquellos que al amor cedieron, a lo prohibido retaron, y desesperadamente se amaron, sin escuchar las voces sabias y no tanto de la razón.
D.D.A.sr
D.D.A.sr
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